El bolero, Patrimonio cultural inmaterial de Cantabria

Más de 30 grupos. Más de 200 músicos de bolero en Cantabria.

Mas de 500 concierrtos de bolero anuales

Algunos Grupos de bolero de Cantabria:

Jueves de Boleros…………….. …….más de 25 miembros

Agrupación Puertochico………….. más de 25 miembros

Agrupación Sardinero…………….. más de 25 miembros

La banda del Aserradero….…..… 9 miembros

Tempo de Bolero………….……….. 6 miembros

Los Castos………………………..…... 5 miembros

Hot café fusión…………………...…. 5 miembros

Mariachi Cantabria………………… 5 miembros

Divertia………………………..………. 4 miembros

Antonio Borja……………………….. 4 miembros

Cocó Muñoz …………………………. 4 miembros

Barrio Latino……………………...... 4 miembros

Mabel Sierra cuartet………………. 4 miembros

Son 4…………………………………….. 4 miembros

Trío Camina……………..……….….. 3 miembros

Toda una vida boleros y mas…...3 miembros

trío Los Carabelas……………..….. 3 miembros

Trío Covadonga………………..…... 3 miembros

Bohemios trío………………………...3 miembros

Solo dos y un bolero…………….... 3 miembros

Obsoletos trío……………………..… 3 miembros

flores para Gardel……………....... 2 miembros

Duo Santander……………….......…2 miembros

Los Norteños………………………... 2 miembros

Flores para Gardel…………….….. 2 miembros

Dúo Alfiles………………………..….. 2 miembros

Trío horizonte………………………...2 miembros

Doble o nada…………… …………... 2 miembros

Manuel y Nanín ……………………. 2 miembros

Duo Candilejas……………….…..… 2 miembros

Duo Veracruz………………..…….… 2 miembros

Los tres del norte………………...… 2 miembros

Eder Paiva bolero…………..…..…. 2 miembros

Sito………………………………………. solista

Juan Carlos………………….…..…… solista

Lazarón …………………………..…... solista

Walter Gala …………………..….….. solista

Nanin Rodríguez…………..………. Solista

Hermes de la Torre……………..… musico solista

Juian Carlos Solar………..……….. solista

Otros grupos de bolero de Cantabria:

Piel Canela…………………………….......…. 8 miembros

El Tumbao sexteto……………..…………… 6 miembros

VozyPiano Trío…………………..……….…. 3 miembros

Quinteto Lástima……………………….…... 5 miembros

Sangre Morena……………………………..… 5 miembros

Desafinado bolero…………….…………..… 5 miembros

Marcela Morena y su trío del alma: …..4 miembros

Siguaraya…………………………….………… 3 miembros

Iliana Casanueva y Robert Itrich:…..… 2 miembros

Conciertos de Bolero en Cantabria

Al cabo del año, se programan en Cantabria más de 500 conciertos de bolero

Programación semanal ( 7 conciertos semanales)

- Cada Martes del año de 8:30 a 22:00 el ciuclo “Boleros Incendiaros” en Casa Miguel, en Corbán

- Cada miércoles del año, a las 19:30 horas, el mejor bolero cubano en directo en Bodegas Mazón de la mano del maestro habanero Hermes de la Torre, sobrino del gran Benny Moré

- Cada jueves par del año, una descarga improvisada de pura trova y bolero en Casa Inés, en Bezana, a cargo de algunos de los miembros de Jueves de Boleros.

- Cada Viernes, un concierto de bolero en el Centro Gallego ( Calle Peñaherbosa) de Santander

- Cada Sábado, en Bodegas Mazón, el bolero de Hermes de la Torre.

- Cada Domingo al mediodía, en Bodegas Mazón de Santander, el bolero de Juan Carlos Solar.

- Cada Domingo, el son y el bolero de Son 4, en la Granja Cervecera de Miengo.

Cada semnana hay, además, otros dos o tres conciertos de bolero, a cargo de los varios grupos de bolero de ProBoCa.

Santander tiene la única estatua del mundo erigida a un bolerista español

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octubre 20, 2010

El cántabro que dibujó Cuba, Méjico, Panamá y Venezuela por vez primera: Juan de la Cosa

El 28 de Octubre de 1492 Juan de la Cosa dirigió la nave de su propiedad hacia la bahía de Holguín en Cuba, en la que iba Cristóbal Colón y apenas siete años después dibujó el contorno de la isla de Cuba. Desde entonces, Santander y Cuba estuvieron condenadas a vivir una historia común. Santander es, junto a Santa Cruz de Tenerife y Cádiz, la ciudad que mantiene más viva su relación con América. Una relación que, 500 años después, se plasma en la persistencia del bolero como expresión sentimental común a ambas orillas y reflejo de un pasado común que ha dejado idénticos modos de sentir en Santander y en América. La relación entre Cantabria y América no puede ser más cercana, pues comienza como protagonista desde el primer viaje de Cristóbal Colón gracias a la figura del cántabro Juan de la Cosa. Al cumplirse este año de 2010 los 500 años del fallecimiento de Juan de la Cosa, merece la pena recordar su importancia en el encuentro de ambos mundos, que marcó la historia de la humanidad para siempre. El monumento (en la fotografía inferior) y la historia de Juan de la Cosa siempre sorprende a todos los boleristas americanos que visitan Santander cuando tienen el busto del primer hombre que dibujó el contorno de la isla de Cuba, la actual República Dominicana, la costa de Honduras, Panamá, Colombia, Venezuela e incluso parte del Brasil, en el año 1500.

Un cántabro, Juan de la Cosa, que sobre todo fue el piloto y dueño de la nave capitana de Cristóbal Colón, y que construyó el primer asentamiento español en América en 1492, utilizando las maderas de su propia nave (el primer barco en encallar en América), construida en los astilleros de Santoña y donde quedaron parte de su tripulación, muchos de ellos cántabros. Acompañó a Colón en sus tres primeros viajes y realizó el siguiente gran viaje de exploración al continente del Nuevo mundo, poniendo nombre a Venezuela y al rio grande de la Magdalena. Dibujó el primer mapa del Nuevo mundo en 1500 (varios años antes que lo hiciera Américo Vespucio quien como él era “piloto mayor y cartógrafo real”) El propio Bartolomé de las Casas le reconocía como “el mejor piloto del Nuevo Mundo”. Por si fuera poco, su último viaje tuvo la intención de ser fundador del primer asentamiento español en tierra firme americana, en Urabá, en la actual Colombia, que debiera construir Ojeda y dirigir Juan de la Cosa como Alguacil Mayor (cargo hereditario que no llegó a ocupar su hijo, ocupándolo interinamente un joven Francisco Pizarro, conquistador del Perú). Con él se abrió una relación eternar entre ambas orillas del atlántico, un camino sobre el mar que se abrió a golpe de corazón, como dice Javier Solís en su bolero "carabela"

Estoy en el puente de mi carabela
Y llevo mi alma prendida al timón

Un soplo de amores empuja mi vela
Y zarpo cantando y zarpo cantando divina canción
Ni marco mi ruta ni llevo camino
Por donde mi nave a de navegar

Yo se que sin rumbo me lleva el destino
Y será un día mi nave será un día mi nave
La reina del mar

Que marque mi ruta el ave que vuela
La estrella errante o el raudo ciclón
Yo quiero ver limpia mi fúlgida estrella

Y será un día mi nave será un día mi nave
La diosa del mar


Desde este humilde blog de bolero que pretende promover el bolero que se hace en Cantabria, nos asomamos a la figura del cántabro que fue artífice junto con Colón del encuentro entre ambos mundos. Nos hemos entretenido en contar datos sobre la nao “Santa María” de su propiedad que él pilotaba llevando a Colón a América, así como retazos de la interesantísima vida de este héroe mundial tan poco conocido.
Como primer esbozo del carácter de este cántabro y del carácter montañés-, señalar que la primera cosa que este extraordinario cántabro les pidió a los Reyes Católicos como recompensa al regresar a España tras el primer viaje como piloto de Colón fue el permiso real para llevar harina desde Andalucía al golfo de Vizcaya (que aún hoy comprende importantes puertos comerciales, como los de Santander, Bilbao, Pasajes, Bayona (Francia), Burdeos, La Rochelle o Nantes, y otros como los de Santoña, Laredo, Castro Urdiales, Bermeo, Ondárroa, Guetaria o San Juan de Luz y que han mantenido una extraordinaria comunicación marítima entre todos ellos). La petición del armador (y por tanto también comerciante cántabro) no sólo tenía sentido por la importancia que este producto tenía en tales puertos, sino que tuvo su eco en los mismos puertos donde desembarcó la harina 250 años después, pues el comercio harinero ha sido el principal nexo de unión entre Santander, La Habana y Veracruz hasta la mitad del siglo XX, que ha forjado una estrechísima relación que se ha mantenido hasta nuestros días tras 250 años de comercio transatlántico, y que a la postre ha dejado el bolero en Cantabria como su legado sentimental. Una prueba es la existencia de tríos de bolero en Cantabria como el trío "Carabelas" que se fundó en 1956 con el nombre de "trío Piedras blancas" y que aqui nos ofrecen un bolero (100 mujeres), desde el Gran Casino del Sardinero, situado en la actual Plaza de Italia, llamada a prinicipio de siglo "Plaza del Pañuelo" y donde se interpertó por primera vez un bolero en España a principios del siglo XX.

La presencia montañesa en América ha sido constante desde entonces, si bien la mayor afluencia de indianos montañeses a América – conocidos aquí como “indianos”- se produjo a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX y primera del XX, aprovechando la excelente comunicación de vapores correo y vapores mercantes que llevaban también harina, concentrándose en Cuba como principal destino en la época en la que allí surgió el bolero, género que trajeron a Santander y dejaron como herencia inmaterial de los indianos montañeses, hasta el punto que el mayor monumento que se ha erigido en Cantabria es el dedicado al los cántabros que marcharon a América, conocidos aqui cariñosamente como "indianos" que corona la cima de Peña Cabarga en Santander.En este año 2010 se cumplen 500 años del fallecimiento de un ilustre cántabro y un héroe español: el piloto de navío y cartógrafo Juan de la Cosa, muerto por una flecha envenenada el 28 de febrero de 1510 en Turbaco, Colombia, defendiendo con su vida al gobernador Alonso de Ojeda, durante un viaje en el que el cántabro se disponía a ocupar el puesto de Alguacil Mayor de Urabá en Colombia, lugar que descubrió el piloto santoñés durante la expedición de Rodrigo Bastidas nueve años después de acompañar a Colón en su primer viaje como piloto y dueño de la Santa María, tras el que volvió con Colón en otros dos viajes más, y tras lo que se volvió a embarcar para acompañar al propio Alonso de Ojeda en su primer viaje de exploración al continente americano junto al florentino Américo Vespucio.
Como el piloto con más experiencia en las costas americanas con cinco viajes trasatlánticos, y como cartógrafo experto en realizar cartas de navegación, Juan de la Cosa elaboró en 1500 (año de nacimiento de Carlos I, nieto de Isabel) el primer plano de América (que denominó “Indias” siguiendo la obsesiva afirmación de Colón), situando a Cuba como isla (en contra del criterio que entonces tenía el propio Colón, que la creía parte del continente) y dibujando parte de la costa de Brasil, si bien no incluye Florida (aún no descubierta).

Por desgracia, la importancia y transcendencia del cartógrafo santoñés quedó velada al imponerse internacionalmente el criterio del cartógrafo alemán Martín Waldseemüller que señaló el nombre de América en su plano a partir de la traducción al alemán de libro “los cuatro viajes de Américo” y de otro llamado “Novus Mundus” que escribió en 1507 el florentino Américo Vespucio en Sevilla por expreso encargo de los Reyes para elaborar, como piloto mayor, el “Padrón Real” de todas las nuevas tierras descubiertas, que entonces se conocían como “La indias” o “las indias occidentales” en España.
Por la época y el lugar en el que le tocó vivir y por su especial espíritu aventurero, Juan de la Cosa participó como “piloto mayor” nombrado por los Reyes Católicos en la vanguardia de los nuevos tiempos y fue un pionero en algunas de las actividades de la Casa de Contratación de Sevilla (en la ilustración de arriba), recién fundada en 1503 como primer organismo oficial privativo de la administración del Nuevo Mundo. Entre otras, la Casa era la encargada de procurar la seguridad a la navegación tanto en las rutas como en los propios barcos, y entre otras, Juan de la Cosa fue destinado a espiar las gestiones de Portugal en las nuevas tierras (de igual modo que Américo Vespucio fue contratado por Portugal para espiar las gestiones españolas en el nuevo mundo), por cuyas gestiones fue también recompensado por los Reyes Católicos, participando como experto en la reunión de Burgos (poco después de la muerte de Felipe el Hermoso), donde se decidió la ruta para atravesar América y llegar a las Indias, lo que llevó a la corona a explorar todos los grandes ríos americanos y llegar hasta el sur de Argentina.
Si bien no se tiene noticia exacta de la fecha precisa del nacimiento de Juan de la Cosa, se puede fijar aproximadamente en la segunda mitad del siglo XV. Se sabe que en 1427 existía ya un hombre llamado Juan de la cosa en Santoña, cuyo apellido viene precisamente del barrio de La Cosa de esa villa marinera y que podría ser el padre del insigne piloto. Y de igual modo, se conoce que su mujer y su hijo vivían en Santoña, un pequeño puerto de la provincia de Santander, sobre el golfo de Vizcaya (cuya demarcación acababa en el cabo de Ajo, cerca de Santander), por lo que los contemporáneos le llamaban “el Vizcaíno”. Juan de la Cosa fue armador, creyéndose que la nave de su propiedad, la “Marigalante” se construyó en Santoña. Se sabe igualmente que varios de sus marineros eran originarios de villas vecinas, acudiendo al llamado de un puesto de trabajo en Santoña: Juan y Domingo de Lequeitio, Domingo de Bermeo, Pedro de Bilbao, Martín de Uturbi… y así es probable que fueran vecinos de la villa marinera, pues en la descripción del naufragio en la nochebuena de 1942 de su nao – rebautiazada para el primer viaje como “Santa María”- Colón describe a los marineros como “de la tierra de Juan de la Cosa”, lo que apoya la idea de que viviesen en Santoña o fuese naturales de allí mismo, donde existen en la actualidad numerosos apellidos vascos de familias que acudieron a Santoña atraídas por el trabajo de su astillero, por el faenar de la pesca o por el comercio con Flandes y Lisboa, fomentado por la nobleza santoñesa (que en aquel momento luchaba por desvincularse al obispado de Nájera al que estaba vinculado desde Sancho III de Navarra y del que no pudo desvincularse hasta el 4 de junio de 1579, en la que Felipe II firmó la "Cédula Real", tras lo cual Santoña quedó incorporada a la Corona como Villa Real independiente). Santoña aprovechaba así, el comercio mayor que se centraba en la cercanísima villa de Laredo, que contaba a mediados del siglo XV con alrededor de 2.000 vecinos y era el principal puerto de Castilla, desde donde la reina Isabel la Católica despidió a su hija Juana la Loca que partió en 1496 hacia Flandes para casarse con Felipe I “el Hermoso”. La importancia del cercanísimo puerto de Laredo fue fundamental para Santoña, pues Laredo fue declarado en 1.529, según Cédula Real, único puerto apto desde Avilés a Bilbao, para las expediciones a la recién descubierta América, convirtiéndose, hasta final del siglo XVIII, en centro político, administrativo y militar de las Cuatro Villas, conocido como “El Bastón de Laredo”, que abarcaba desde la Villa de Castro Urdiales a la de San Vicente de la Barquera, incluida la Villa de Santander. De este modo, la flota laredana-santoñesa fue incluso superior a la bilbaína, que en el censo de 1504 llegaba a quinientos navíos. En la imagen, vista actual del puntal de Laredo y al fondo la villa de Santoña, y la entrada a su estuario.
Desde la Baja Edad Media y gracias a un fuero llamado "Privilegio Viejo de Santoña", con fecha de 1074, se venían construyendo en Santoña embarcaciones destinadas a la pesca y al tráfico comercial. Estas actividades fueron creciendo durante los siglos XV XVI y con ellas la demanda de barcos mercantes de Laredo, pues los carpinteros de ribera santoñeses (aquellos que se dedican a hacer trabajos de carpintería en los astilleros) tenían fama de su buen hacer y eran requeridos y muy apreciados, construyéndose desde el siglo XVI galeones(de mayor envergadura que las carabelas) para la Armada Española, cuyo armazón se fabricaba en Colindres y después eran conducidos ría abajo hasta llegar a Santoña donde se les daba el toque final de aparejos para la navegación en los astilleros que estaban situados en el arenal de la ribera sur, lo que hoy es el Pasaje y que tomó el nombre de El Encinar por la plantación de encinas que servían de protección a la zona y que en los barcos mayores podrían llegar a constar de cuatro palos cruzados (por la importancia de aprovechar el viento como fuerza motriz) y apenas cuatro remos por banda (tan sólo para los atraques o en calma extrema).

Los barcos mercantes que se construían en Santoña eran lógicamente “de Atlántico” (mucho mayores que los navíos mercantes mediterráneos) construidos según la fórmula conocida en Santoña como de “As-dos-tres” (los valores relativos de la manga, la quilla y la eslora), destinados en su mayoría al comercio con Flandes y con Lisboa vía Galicia (de donde puede provenirle a la nao de La Cosa su otro nombre de “Gallega”); eran navíos de cubierta corrida capaces de desplazar 180 toneladas de las de entonces (y hasta 220) que serían unas 81 toneladas actuales, y que llegaban hasta 25,6 metros de eslora y 7,5 de manga. Estas son las medidas que se supone tendría la nao “Marigalante” del armador santoñés Juan de la Cosa que, con su aparejo netamente “de Atlántico” era considerablemente mayor que las otras dos carabelas la “Pinta” y la “Niña” de Martín Alonso Pinzón y Vicente Yáñez Pinzón, construidas según parámetros más parecidos a los mediterráneos, aunque aún mucho mayores que las úxeres, bergantines, trabaces o laúdes mercantes mediterráneos. Si bien la "Niña" fué construída en los astilleros de Moguer, la "Pinta" fue propiedad de Gómez Rascón, vecino de la villa cántabra de Ampuero aunque radicado en aquella época en Moguer. Debido a este hecho el escudo de esta villa consiste precisamente en una carabela, y su construcción se la disputan entre este último municipio, Limpias y Colindres. La verdad es que a tenor del hecho de que Gómez Rascón fuera oriundo de Ampuero, y del prestigio de los astilleros de la región en aquella época, resulta bastante probable que La Pinta fuera construida en Cantabria.

En concreto, la nao de Juan de la Cosa no era de la mayores naves construidas en Santoña y Ampuero, pues ni siquiera llevaba cuatro palos, sino tres, con lo que sus dimensiones serían similares a una carraca mediterránea (la más grande de las naves mercantes), aunque con las proporciones típicas de la construcción santoñesa y podía llevar una carga de 106 toneladas de la época (51 toneladas actuales). En el palo mayor aparejaba dos velas cuadradas: la mayor con una cruz roja en el centro y una vela de gavia. El trinquete portaba una sola vela cuadrada y el palo de mesana aparejaba una vela triangular latina. Del bauprés colgaba una vela de cebadera.
Esta es la descripción de la Santa María realizada en 1892 (fotografía superior) tras la Real orden que expidió el dicho Ministro de Marina, Excelentísimo Sr. D. José María de Beránger, encomendando la realización del proyecto de construcción de una réplica de la nao Santa María. Compusiéronla, el Capitán de navío D. Cesáreo Fernández Duro, Presidente, el Teniente de navío de 1.ª clase y oficial de Secretaría del Ministerio D. Francisco Cardona, el restaurador del Museo naval D. Rafael Monleón y el Contador de navío D. Francisco Gómez Súnico, Secretario, y se designó al ingeniero jefe de 2ª clase D. Leopoldo Puente para dirigir la construcción de la réplica de la nave propiedad de Juan de la Cosa:
Mide la nueva Santa María de eslora 22,60 metros; de manga 7,80; de puntal en la maestra 4,10; en la toldilla 8,20; en el castillo 4,90. Pesa 127,57 toneladas.
Economizando en cuanto sea posible la nomenclatura profesional, puede decirse que es el casco corto, ancho y muy alto, comparado con los que actualmente navegan. Es muy lleno de fondos, con escasas salidas de agua, las curvas convexas y completamente plano por debajo. Las extremidades tienen considerable lanzamiento, siendo bastante henchidas con el fin de desplazar mucho y soportar el enorme peso de los castillos; en los costados hay algún pantoque; la borda es alterosa. Anchas cintas y cintones corren de popa á proa ligando los miembros y otros refuerzos exteriores llamados bulárcamas los consolidan en sentido vertical. La proa es llena y redondeada; la popa completamente plana y de escudo, como antes se decía, con ancha abertura nombrada lemera por encima del yugo principal, por donde entra la caña del timón. Otras dos aberturas circulares más reducidas, correspondientes á las de la proa (escobenes), sirven para dar paso á las armarras de codera. El timón, de pala ancha, por ser poca la salida de aguas del barco según va dicho, y muy reforzado en todas sus partes, funciona con la caña horizontal desde la batería, debajo de la tolda.
No tiene la Santa María más que una cubierta; entre ésta y la bodega va una serie de baos al aire, sobre los que en caso necesario á la comodidad ó á la carga se sientan tablones formando falso sollado. Á proa está formado el pañol de pertrechos; á popa la despensa. En la cubierta dan acceso á la bodega dos grandes escotillas y dos escotillones á los pañoles. Por encima de la cubierta, desde el centro del barco á popa, corre otra llamada tolda con escotilla y escala de comunicación entre ambas. Sobre la tolda se levanta la chupeta ó chopa, alojamiento del comandante, y su cubierta se nombra toldilla.
Debajo de la tolda queda la cubierta bastante desahogada y en su espacio resguardado de la intemperie se acomodaban para dormir los oficiales y marineros, aunque éstos aprovechaban el abrigo del castillo de proa, que avanza mucho, pareciendo como suspendido sobre el mar.

Constituyen el aparejo propulsor tres árboles, mástiles ó palos verticales, mayor, trinquete y mesana, con velas redondas ó de cruz en los dos primeros, á saber: papahigo ó treo con dos bonetas y gavia en el mayor; trinquete solo en el de su nombre. El de popa tiene mesana latina, y además, en el bauprés, otro palo inclinado sobre la proa, se orienta la cebadera. Todas estas velas están guarnecidas á la manera con que antiguamente se manejaban, lo mismo que los mástiles y entenas ó vergas.
Entre los primeros se asegura el mayor con ocho obenques por banda, dos coronas y brandales y dos estais, mayor y de galope. El trinquete no necesita más de dos aparejos de estrellera por banda y el estai, lo mismo que el mesana, así que no tienen mesa de guarnición como el mayor, ni bigotas, ni acolladores, por ser éste el mástil de desempeño y de gobierno los otros.
En las vergas se ha copiado asimismo el guarnimento; drizas dobles; amantillos cuadruplicados, con motones; brazolotes y brazas, troza y racamento. Las velas no tienen rizos; se aumenta la superficie del papahigo con fajas nombradas bonetas que se cosen á la relinga inferior por medio de bazadas, pasándolas por los ollaos ú ojetes abiertos en una y otra lona y señalados de diez en diez con una letra para no dudar en la correspondencia, siendo estas letras tradiciones A. M. G. P. que quieren decir piadosamente "Ave María Gratia Plena".
La mesana se maneja con ostas en la pena, borriquetes en el car y caza escota que sale fuera de la popa; la cebadera corre á lo largo del botalón y se orienta como las velas cuadras con brazas y escotas.
Sería ocioso explicar el laboreo de los cabos que fácilmente concebirán los marinos; conviene sí consignar que el aparejo de La Santa María está inventariado por el mismo Colón al escribir en su Diario: «tornó a ventar muy amoroso e yo llevaba todas mis velas de la nao, mayor con dos bonetas, trinquete y vela de gavia y cebadera, y el batel por popa».
La réplica de la nao "Santa María" dispone, como aquélla, de dos embarcaciones: la primera el batel, lancha grande, que rara vez se metía á bordo por tener de eslora la longitud que medía la afrizada del castillo y la fuga de la tolda, es decir, unos quince codos, con siete bancos para remos pareles. Calculábase que podía cargar su nao en cincuenta barcadas. La segunda embarcación ó chalupa, lancha mejor que bote, de popa ancha y llana, con cinco bancos para remos pareles, se metía dentro de la nao al salir de puerto.
Además empachaban la cubierta, el fogón donde se guisaba con leña; barriles con agua potable, las lombardas, la madera de respeto y los pertrechos necesarios á mano.
Aunque las antiguas naves se amarraban con cuatro anclas pequeñas de ocho á doce quintales, habiéndose encontrado enterradas en el arsenal de la Carraca dos, forjadas cuando menos al fin de siglo xvi y de forma igual á las del tiempo de Colón, no ha tenido dificultad la Comisión en utilizarlas, aunque excedan en las dimensiones y peso proporcional, dejándolas en el estado en que parecieron; es decir, conservando el sello de su antigüedad, si bien poniendo nuevos los cepos de madera que faltaban; solamente se ha construído de nuevo, con arreglo á los dibujos y reglas de la época, la fornaresa ó ancla de la esperanza.
Como armamento ostenta la capitana dos lombardas de recámara cerrada, en la batería, debajo de la tolda, y seis falconetes en las regalas altas de los castillos. Estas piezas se han construido en los talleres de artillería del arsenal de la Carraca, bajo la dirección del Teniente Coronel D. Manuel Ramos Izquierdo, por el mismo procedimiento empleado en el siglo xv que en otro lugar de esta memoria se explica, resultando con tal perfección, que á tener la patina de los años, se confundirán con las antiguas. Tiran pelotas de piedra de dos libras de peso; están montadas en cureñas marinas, cuyos modelos corpóreos, así como los de las lombardas y falconetes hizo el Sr. Monleón siguiendo los datos aludidos.
De las dimensiones que tenía la de la nao capitana puede juzgarse por el relato escrito en el Diario de Colón el 18 de Diciembre de 1492, de la visita que le hizo el cacique de Santo Domingo: “éste sólo se sentó á la mesa con D. Cristóbal; otros dos indios lo hicieron en el suelo y los demás tuvieron que quedarse fuera. Se prendó Guacanagarí del arambel ó colcha colorada de la cama que Colón le regaló de buen grado; mostróle las banderas que allí tenía, una moneda de oro con las efigies de los Reyes y otras cosas”. Se deduce del pasaje que había en la cámara una mesa para dos personas, un sillón, una silla de tijera, la litera ó cama, y probablemente un armario ó arcón para guardar ropa y papeles.
Expuesto queda que no había en la nao más alojamiento cerrado que la chupeta: de presumir es, dada la elevación del cargo que Colón tenía, que allí se albergara él solo. La ha dotado por tanto la Comisión de los muebles estrictamente necesarios, teniendo á la vista las indicaciones de su Diario. Cama con traspontín y arambel encarnado; armario donde guardar ropa, planos y libros; un sitial, dos sillas y una mesa donde pudieran comer dos personas: todos estos objetos son del gusto gótico dominante entonces. Se completa el mueblaje y adorno con una imagen de la Virgen, Maris Stella, de que eran devotos los mareantes, y ante la que cantaban la Salve todos los sábados.
La bitácora, el cuadrante, la ballestilla se han construido cuidadosamente por modelos de la época, como asimismo el farol insignia de popa, en su totalidad de hierro forjado. Con la misma fidelidad se ha procurado reproducir el guión, emblema del poder real conferido á Colón como Almirante, simulacro preciado que tuvo en la mano al pisar la tierra descubierta y tomar su posesión. Este pendón se colocaba á bordo en los momentos solemnes á estribor, ó sea á la derecha, saliendo, de la puerta de la cámara; seguía al Almirante en funciones de mando, llevándolo un alférez, y era insignia ante la cual todas las otras se abatían. Empuñábanle los propietarios en momentos supremos de peligro ó de victoria. Según los ejemplares existentes en la Armería Real, es de damasco carmesí, bordado y recamado de oro, mostrando en una cara la imagen de Jesús crucificado y la de la Virgen María en la otra. Adórnanlo cordones y borlas de seda y oro.

Se estima que se la nao “Marigalante” se construyó en 1480 y llevaba 39 hombres como tripulación. En un sentido meramente especulativo como es la suposición – aun con visos de ser cierta como se ha visto- de que la nao “Mariagalante” se construyese en Cantabria y que la marinería enrolada por el santoñés fuese de habitantes de su misma ciudad (aún considerando que muchos de ellos tuvieran ascendencia vasca), pues es probado que la tripulación era “de la tierra” de Juan de la Cosa (como especifica el propio Colón en sus memorias), y considerando el hecho de que fue precisamente la nao de Juan de la Cosa la primera en naufragar en América, precisamente el día de Navidad de 1492 y que también es un hecho que sus restos fueron usados para construir el Fuerte de La Navidad, quedándose en él gran parte de su marinería que no pudo embarcarse en las dos carabelas supervivientes, constituyendo así el primer asentamiento español en América, que podemos llegar así a una interesante conclusión: que el primer asentamiento español en América se hizo con madera de Cantabria y que los primeros colonos españoles de la historia fueron mayoritariamente cántabros. En la imagen, excavaciones arqueológicas donde encontraron los restos del "fuerta de la Navidad"

La pericia del piloto santoñés está fuera de toda duda, aunque bajo su responsabilidad encallase la nao capitana, como demuestra que fuese nombrado “piloto mayor” por cédula real, pues incluso fue recompensado por los Reyes y volvió a navegar dos viajes más cono Colón, e incluso años más tarde el propio Américo Vespucio dispusiera que se protegiesen las carenas con metal, para evitar accidentes como el sufrido por el santoñés en el primer viaje. Como era normal en la época, el armador dueño de la nave era además el piloto y quien contrataba a la marinería, costeaba los gastos y decidía las empresas y rutas comerciales en las que se embarcaría. Como cualquier piloto de altura, manejaba el astrolabio y la ballestilla, así como dominaba la orientación en alta mar, cuyas bases ya fueron recogidas por Alfonso X “el sabio” en los “libros del saber” (que también se hace eco de las cantigas de Santa María de la vecina villa de Laredo”) o en los “regimientos” de los marinos portugueses que ya entonces habían llegado al cabo de Buena Esperanza y cuyos conocimientos eran conocidos por los pilotos españoles. La experiencia, conocimiento y capacidad de observación del piloto santoñés queda demostrada en la minuciosidad con la que el cartógrafo santoñés dibujó en 1500 las costas Inglesas, francesas y de Flandes, lo que demuestra que le eran sobradamente conocidas, por lo que cabe suponer que realizase similares empresas que los vecinos laredanos, llevando lana a Burdeos, Nantes, La Rochelle, El Havre, Amberes, Brujas y los de la Hansa, así como mineral de hierro a Inglaterra (que empezó con Eduardo III de Inglaterra en el siglo XIV), asó como el comercio exterior de trigo, madera y hierro por la Cornisa Cantábrica y Andalucía. No cabe duda que Andalucía fue uno de los destinos comerciales del Santoñés y que a tenor también de la precisión de las costas portuguesas que hace en su mapa en el año 1500, las conocía perfectamente, así como la costa marroquí, lo que indica que estuvo navegando por esos lugares, tomando como base el puerto de Santa María en Cádiz, donde consta que tenía residencia (aunque su mujer e hijo vivían en Santoña). Fue allí donde con seguridad conoció a los también armadores Martín Alonso Pinzón y Vicente Yáñez Pinzón y al mismo Cristóbal Colón.(En la imagen: La situación del Puerto de Santa María y de la cercanísima Cádiz hicieron que fuese una de las primeras ciudades de la historia de España, fundada como "gadir" por los Fenicios).
Si bien el origen de Juan de la Cosa queda demostradamente fijado en Santoña hacia 1460 (por más que se le atribuyan extraños y peregrinos orígenes vascos sin fundamento), el origen de Cristóbal Colón plantea muchísimas incógnitas y entre ellas, la propia seguridad de la existencia de tierra firme a esa distancia de Europa: Parece probado su conocimiento de las predicciones geográficas del florentino Toscanelli basadas en la medición de Plotomeo de la distancia entre la costa occidental Europea y la costa oriental de Asia que se apoyaban a su vez en las mediciones de Posidonio y que extrapolándolas, resultaba que la circunferencia terrestre (esférica según Eratóstenes) mediría 28.350 kilómetros, que coincidiría con la situación de las nuevas tierras descubiertas, por lo que no es de extrañar la seguridad de Colón de haber llegado a las Indias. Una mayor exactitud de la medida de los grados de distancia entre Europa y Asia (70º más de lo que calculó Toscanelli) y una mayor exactitud de la distancia longitudinal de cada grado (31 kilómetros menos que la verdadera, que es 11.120 metros), hubiera sacado a Colón de su error, pues en efecto, le hubiese dado la distancia real hasta el reino del Gran Kan en Cipango, donde deseaba llegar. Hay que entender que en el siglo XV las mediciones no eran muy precisas y que ni siquiera se conocía Asia Continental más allá de la costa que los Portugueses conocían escasamente del perfil de África que acaban de bordear para llegar a Las indias, o las descripciones que el veneciano Marco Polo narró en 1320 y lo que los comerciantes de allí y de Génova –principal sede del comercio continental con Asia entonces- lograron saber. Esto apoya las dos tesis: que fuese portugués (de hecho planteó primero su empresa al rey Juan II de Portugal y allí casó por primera vez con Felipa Moniz, hija del colonizador de las islas Madeira, con quien tuvo a su hijo Diego y por lo que se especula que pudo tener conocimiento previo de la existencia de América) o que fuese Genovés (hijo de un comerciante llamado Doménico Colombo) que es la tesis más aceptada pues el mismo Colón confesó ser Genovés, aunque su hijo Hernando (hijo de su segunda compañera la cordobesa Beatriz Enríquez) especificara que su padre no deseaba que se conociese su origen.
Colón, recién enviudado de Felipa Moniz, salió de Portugal (donde el rey Juan II denegó su ayuda al proyecto de llegar a Cipango (Japón) cruzando el Atlántico) y fue ayudado en 1485 por los franciscanos de La rábida Fray Antonio de Marchena y fray Juan Pérez (exconfesor de la reina Isabel I) que le presentaron a Fray Hernando de Talavera, confesor de la reina que a su vez le consiguió una entrevista con Isabel I en Córdoba. La reina le remitió a un consejo de sabios en Salamanca en 1486 donde su explicación del cálculo de la circunferencia terrestre, aún más pequeña de la realidad, situaba el reino de Cipango (Japón) demasiado lejos a juicio de los sabios. Lejos de conformarse, Colón volvió a intentarlo entrevistándose personalmente con la reina Isabel en su campamento de Santa Fe, desde donde supervisaban el sitio a Granada, el último bastión árabe de España. A pesar de la inicial oposición de la reina, la intervención del aragonés Luis de Santángel (que ocupaba un cargo similar al de ministro de economía) aceptando un préstamo de la corona para financiar el proyecto hizo cambiar de idea a la reina, que incluso accedió a las exigencias económicas y políticas que impuso Colón.
Las “capitulaciones de Santa Fe” fueron firmadas por la reina, Colón y Santángel el 17 de Abril de 1492 en la que se especificaba que Colón sería Capitán Mayor de la Armada constituida por tres navíos. Se expidió otra Real Provisión dirigida a ciertos vecinos de la villa de Palos por la que debían proporcionar dos carabelas equipadas y tripuladas como pago de una sanción impuesta a dichos vecinos. En la imagen, la "real Provisión" expedida el 30 de Abril de 1942)
De este modo, correspondió a los armadores de Palos Martín Alonso Pinzón y Vicente Yáñez Pinzón cumplir la exigencia real de proporcionar dos carabelas, la “Niña” (llamada así por pertenecer a los hermanos Niño, y a la que cambiaron sus velas por velas cuadradas –que llevaban las otras dos naves-, durante la escala en Canarias y que fue la única que formó parte también del segundo y tercer viaje de Colón) y la “Pinta” (quizá su nombre era “pintá” de pintada) propiedad de Gómez Rascón y Alonso Quintero, que fueron en ella a América como marinos. Martín Alonso Pinzón se enroló como piloto, convencido de la posibilidad de éxito, contribuyendo de su hacienda personal medio millón de maravedíes, la tercera parte de los gastos en metálico de la empresa. El tercer navío lo proporcionó libremente el santoñés Juan de la Cosa: una nao mucho mayor que las dos carabelas, pues podía desplazar más toneladas que las otras dos carabelas juntas, y a la que rebautizó como “Santa María”, armándola con 4 bombardas de 90 mm; culebrinas de 50 mm; ballestas y varias espingardas. Llevaba 29 hombres a bordo (prácticamente los mismos que embarcaron en Santoña años antes) capitaneados por el propio Colón como Almirante, por lo que era la “nave capitana”, con Juan de la Cosa como piloto; la “Niña” llevaba 25 hombres y era capitaneada por Vicente Yáñez Pinzón y la “Pinta” que llevaba 20 hombres y era capitaneada por Martín Alonso Pinzón. Cabe decir por tanto que más de la tercera parte de los expedicionarios habían embarcado en Santoña, enrolados por Juan de la Cosa, como armador, tal y como hemos señalado anteriormente y que la “Santa María”. En la imagen se aprecia la diferencia de tamaño entre las tres naves.

Zarparon los 74 marineros con sus pilotos el 3 de Agosto de 1992 de Palos de la Frontera (Huelva) hacia Canarias, de donde zarparon el 6 de Septiembre hacia lo desconocido. Un mes después, surgió el primer conato de motín en la Santa María que pilotaba Juan de La Cosa y que fue sofocado gracias a la intervención de los otros pilotos, los Pinzón. La revuelta se hubiera extendido hasta abortar la misión si no fuera por el providencial avistamiento del grumete Rodrigo de Triana, confirmando la inicial impresión de Colón de haber visto humo anteriormente el 12 de Octubre, 37 días después de partir de Canarias.
La llegada del almirante Cristóbal Colón, en la nao Santa María, propiedad de su piloto el cántabro santoñés Juan de la Cosa, a la pequeña isla de Guanahaní en el grupo de Las Bahamas el 12 de octubre de 1492,marcó un hito en la historia mundial.

Allí recibe información de los aborígenes de que más al sur hay tierra vasta y habitada, tierra que ellos nombran Cuba y él supone sea Cipango, el reino del Gran Kan. Pocos días después pone proa hacia la dirección señalada y al anochecer del 27 de octubre divisa una porción de tierra en el horizonte. Colón había llegado a Cuba y la primera nao en arribar fue, lógicamente la "Santa María", pilotada por Juan de la Cosa.
Al amanecer del día siguiente, el 28 de Octubre de 1492, desembarcan en un puerto natural al norte de la provincia de Holguín en un sitio hoy identificado como Puerto de Bariay. La impresión del paisaje que tenía ante sus ojos le hizo escribir en su Diario de Navegación: "nunca tan hermosa cosa vido, lleno de árboles todo cercado el río, fermosos y verdes y diversos de los nuestros, con flores y con sus frutos, cada uno de su manera. Aves muchas y pajaritos que cantaban muy dulcemente: había gran cantidad de palmas de otra manera que la de Guinea y de las nuestras;(...) es aquella isla la más hermosa que ojos hayan visto".
Colón puso proa a La Española, donde en un arrecife, el 25 de diciembre de 1492, se hundió la nao capitana, la "Santa María" y mucho le reprochó Colón la actitud de Juan de la Cosa, que, asustado, salió para salvarse hacia una de las carabelas. He aquí cómo refiere la pérdida de La Santa María ocurrida en la noche del 25 de Diciembre:
«Quiso nuestro Señor que á las doce horas de la noche, como habían visto acostar y reposar el Almirante y vian que era calma muerta, y la mar como en una escudilla, que todos se acostaron á dormir, y quedó el gobernalle en la mano de aquel muchacho (se refiere al ayudante de Juan de la Cosa), y las aguas que corrían llevaron la «nao» sobre uno de aquellos bancos. Los cuales, puesto que fuese de noche, sonaban que de una grande legua se oyeran y vieran, y fué sobre él tan mansamente que casi no se sentía. El mozo que sintió el gobernalle y oyó el sonido de la mar, dió voces, á las cuales salió el Almirante, y fué tan presto que aun ninguno había sentido que estuviesen encallados. Luego el maestre de la nao (se refiere a Juan de la Cosa), cuya era la guardia, salió; y díjoles el Almirante á él y á los otros que halasen el batel que traían por popa, y tomasen un ancla y la echasen por popa, y él con otros muchos saltaron en el batel, y pensaba el Almirante que hacían lo que les había mandado; ellos no curaron sino de huir á la carabela que estaba á barlovento media legua. La carabela no los quiso rescebir haciéndolo virtuosamente, y por esto volvieron á la nao, pero primero fué á ella la barca de la carabela. Cuando el Almirante vido que se huían y que era su gente, y las aguas menguaban y estaba ya la «nao» la mar de través, no viendo otro remedio, mandó cortar el mastel y alijar de la «nao» todo cuanto pudieron para ver si podían sacarla, y como todavía las aguas menguasen no se pudo remediar, y tomó lado hacia la mar traviesa, puesto que la mar era poco ó nada, y entonces se abrieron los conventos y no la «nao». El Almirante fué á la carabela para poner en cobro la gente de la nao en la carabela, y como ventase ya ventecillo de la tierra, y también aun quedaba mucho de la noche, ni supiesen cuanto duraban los bancos, temporejó á la corda hasta que fué de día, y luego fué á la nao por de dentro de la restringa del banco.»
Sus restos fueron usados para construir el Fuerte de La Navidad, constituyendo así el primer asentamiento español en América[. Quedaron treinta y nueve hombres al mando del cordobés Diego de Arana y fue destruida en 1493 por los aborígenes de la isla, comandados por el cacique taíno Caonabo.
Las dos carabelas, al mando de Colón, regresaron a España. En el viaje de regreso sufrieron una fuerte tempestad que hizo que las naves se separasen, llegando la Pinta en primer lugar a Bayona (Galicia, España) el día 1 de marzo de 1493 capitaneada por Martín Alonso Pinzón, que en seguida puso rumbo al puerto de Palos, y la “Niña”, donde viajaban Juan de la Cosa y Cristóbal Colón, hizo lo propio llegando el día 4 de Marzo a Lisboa, aprovechando Colón para entrevistarse con el rey portugués y confirmarle su hallazgo, de modo que ambas carabelas llegaron a la vez al puerto de Palos el 15 de Marzo de 1943, seis meses y medio después de su indicio. Pocos días después fallece Martín Alonso Pinzón.
Durante varios años la presencia española en América se limitó a la colonización de la isla La Española (actual República Dominicana), si bien el propio Colón en su segundo viaje en 1494, que llega a Puerto Rico el 19 de Noviembre de 1943 con 17 naves, explora Cuba en la carabela Niña, junto con Juan de La Cosa, como "maestro de cartas de marear" y como tal es obligado por Colón afirmar Cuba no era isla, sino continente. Colón funda la segunda de las colonias españolas: “la Isabela” al noroeste del malogrado fuerte Navidad en la isla Española (actual República dominicana). Colocó al frente de su gobierno a su hermano Bartolomé. En esta ocasión, se utilizó piedra y se fortificó más, según describe Bartolomé de las Casas:
La mejor de todas ellas –ciudades recientes del Nuevo Mundo– fue La Isabela, porque fue de piedra o cantería, (...) casa para los bastimientos y municiones de la armada e Iglesia y Hospital y para su morada -Cristóbal Colón- una casa fuerte, según se pudo hacer; y repartió solares, ordenando sus calles y plaza, y avecindáronse las personas principales, y manda que cada uno haga su casa como mejor pudiere; las casa públicas se hicieron de piedra –en realidad de tapial, rematada de sillar– , las demás cada uno hacía de madera y paja, y como hacerse podía".
Allí se construyó la primera de las naves que se fabricaron en América, llamada “la India”, que volvió junto con la Niña pilotada por Juan de la Cosa al puerto de Palos el 11 de Junio de 1946. A su regreso á España, La Cosa se retiró á su pueblo natal, pues fue recompensado por los Reyes con el derecho a transportar «doscientos cahíces de trigo» desde Andalucía hasta Santoña (lo que es signo de la importancia que ha tenido siempre el comercio de la harina en los puertos montañeses), tras lo que volvió al puerto de Santa María.
Juan de la Cosa participó también en el tercer viaje de Colón como piloto mayor y cartógrafo, con seis barcos y llevando con el a un joven Fray Bartolomé de las Casas, partiendo hacia Madeira y llegando el 31 de julio a la isla Trinidad. Desde el 4 al 12 de agosto exploró el golfo de Paria, el cual separa Trinidad de Venezuela. En su reconocimiento de la zona llegó hasta la desembocadura del río Orinoco, navegó por las islas de Chacachare y Margarita y renombró Tobago ("Bella Forma") y Granada ("Concepción"). Cuando llegó a “La Isabela” el 19 de Agosto, se encontró un motín entre los españoles y una sublevación de los indios taínos y caribes. El gobierno de los hermanos Colón en La Española no cumplió con las expectativas de los monarcas españoles: No sólo se enfrentaron a los españoles de la isla, sino que, al no conseguir las riquezas que habían previsto, agredieron a los indígenas y vendieron a algunos como esclavos, desobedeciendo así las órdenes expresas de Isabel la Católica, que había dejado clara su voluntad de que se tratara a los indígenas como súbditos de Castilla. Además del envío a la Península de indios en calidad de esclavos o el nombramiento de su hermano Bartolomé como Adelantado sin la correspondiente autorización real. Y así mismo, en las opiniones emitidas por fray Bernardo Boyl (delegado papal) y por Pedro Margarit, ambos integrantes del segundo viaje colombino, sobre el gobierno de Colón en La Española. Colón intentó pactar con los sublevados, pero los propios españoles ya habían enviado una carabela a España donde le habían acusado de mal gobierno, por lo que los Reyes Católicos enviaron en 1999 al administrador real, Francisco de Bobadilla, con orden de arrestarle y traerle a la corte, cosa que hizo, trayendo también con el a su hijo Diego y al hermano de Colón, Sebastián.De este modo tan ignominioso concluyó el tercer viaje de Colón.

A pesar de que Colón pierde el favor real, Juan de la Cosa mantiene la confianza real, pues la propia Reina Isabel la Católica envía una carta autógrafa (reproducida bajo estas líneas) en la que se dirige al marino cántabro, en un tono de inusitada confianza diciéndole literalmente en un párrafo revelador: “que vos seáis mi consentido, mi oído en Portugal y el ojo de Castilla en la mar Océana, micer Juan, es cosa que sólo debemos saber vos y yo…”
En 1499 la Corona libera a Colón, pero decide poner fin almonopolio que tenía Colón sobre las navegaciones a las Indias y abre el negocio a otros navegantes y empresarios. Esto da lugar a la realización de una serie de expediciones que los historiadores han denominado viajes menores, como el del también compañero de Colón en el primer viaje Vicente Yáñez Pinzón, que junto a Sebastián de Ocampo pudo circunvalar la isla de Cuba en 1509. El propio Bartolomé de las Casas escribió que La Cosa "por entonces era el mejor piloto que por aquellos mares había por haber andado en todos los viajes que había hecho el almirante".
Juan de la Cosa participó también como piloto mayor y cartógrafo en el primero de los grandes viajes de exploración que se hicieron tras los tres primeros de Colón: el capitaneado por Alonso de Ojeda (que también había estado en el segundo viaje de Colón) en unión de Américo Vespucio. La expedición partió de Cádiz el 18 de mayo de 1499 con rumbo al cabo Aguer y de allí a la Gomera. Atravesaron el Océano con vientos favorables en veinticuatro días; y vieron tierra cerca de la desembocadura del Orinoco. Fueron costeando sin desembarcar, por toda la orilla del continente, pero tomaron tierra en tres partes de la isla de la Trinidad, siguiendo el mismo rumbo que había tomado Colón en su tercer viaje.
Tocaron en las costas del golfo de Paria, tratando amigablemente con los naturales en todos aquellos parajes. Visitaron la isla de Margarita, y en seguida continuaron su derrotero, visitando puertos y ensenadas y rescatando perlas y mantas en cambio de baratijas europeas que daban a los aborígenes hasta llegar a la isla de Curazao, que llamaron de los Gigantes, por haber visto en ella algunos indígenas de alta estatura.

Algunas leguas más adelante surgieron a un golfo espacioso, pero de aspecto triste y desapacible, en cuyo seno notaron con sorpresa un caserío construido sobre una estacada en medio del agua. Admirados con un espectáculo nunca visto por los descubridores del Nuevo Mundo, Ojeda o alguno de sus compañeros italianos lo comparó con Venecia, y llamaron el sitio Venezuela, nombre que conservó todo aquel litoral.
No habían andado mucho cuando descubrieron el magnifico lago llamado hoy día de Maracaibo, pero que Ojeda denominó de San Bartolomé, por haber llegado el 24 de Agosto. Aquí, Ojeda tomó por esposa a la india Guaricha, a quien llamó Isabel, y que fue la madre de sus tres hijos. Sin penetrar dentro de la barra que divide el lago del mar, Ojeda llegó a la península de Guajira.
Los indígenas llamaban todo aquello Coquibacoa, desde el lago hasta la península. Ojeda no continuó muy adelante su rumbo, sino que, después de descubrir un cabo alto, "rodeado de tierra estéril y con un islote en su parte Oeste," que le pareció a lo lejos blanquear como la vela de un navío, -al cual puso el nombre de Cabo de la Vela,- resolvió abandonar por entonces su viaje de descubrimiento y buscar un puerto en donde poder carenar sus deterioradas naves.
Dirigió la proa de sus naves sobre la isla Española y entró en el puerto de Jáquimo el 5, de Septiembre de 1499. Recibiéronle allí los amigos del Almirante muy mal, fundándose en que no había, tenido derecho de visitar las tierras descubiertas por Colón. De resultas de aquello tuvieron lugar reyertas, y desavenencias tales, que unos y otros se vinieron a las manos, combatieron como enemigos, y en la refriega murieron algunos y quedaron otros gravemente heridos, entre ellos Juan de la Cosa. Viendo Ojeda que no podía sobreponerse a la fuerza y al derecho que asistía a Colón, a pesar de haber sido autorizado por el Patriarca de las Indias Rodríguez Fonseca, abandonó definitivamente la expedición y se dirigió a España, llevando algunas perlas y poca cantidad de oro. Tras volver al puerto de Santa-María en el mes de Junio de 1500, libre de la acusación de no haber declarado un depósito de perlas (por el que si condenaron a Ojeda y a Vespucio), Juan de La Cosa terminó su célebre mapa mundi, en el cual nos ocuparemos más adelante.

Hacia esa época Rodrigo Bastidas, obtuvo licencia de visitar las Indias Occidentales, y con este motivo consultó con La Cosa la ruta que debería seguir, y por último se le llevo como su principal piloto. Salieron los expedicionarios de España en Octubre de 1500, y orillando las costas de Tierra- Firme, visitaron el golfo de Urabá, el puerto del Retrete ó de los Escribanos, el istmo de Panamá y algunas otras localidades. Pero el mal estado de sus embarcaciones, y el arresto de Bastidas, á quien se le acusó de haber hecho sin autorización negocio de oro con los indios, puso término a la expedición, y La Cosa regresó á España en los últimos meses de 1502.

Por su honradez y para recompensar los servicios prestados por nuestro piloto á la causa del descubrimiento, no solamente viajando á su costa, sino exponiendo frecuentemente su vida, la reina Isabel le nombró, por cédula real del 3 de Abril de 1503, Alguacil Mayor de Urabá, empleo que no tuvo sino más tarde y que a la postre acabaría con su vida.
Los Reyes Católicos le encargaron una misión en Lisboa, cerca del rey de Portugal, con el objeto de pedir explicaciones acerca de acusaciones que se le hacían al portugués por haber hecho excursiones en los dominios españoles en las Indias. Pero este Gobierno, en lugar de dar las satisfacciones que se le pedían, hizo aprehender y encarcelar á La Cosa, acusándole falsamente de espía. Sin duda recobró en seguida su libertad, porque en Octubre de 1503 Juan de la Cosa estaba otra vez en la corte de España, en Segovia, en donde declaró á la Reina que había descubierto que no solamente los portugueses habían hecho un viaje de contrabando en las 'tierras pertenecientes á España, sino también que, á pesar de sus promesas, habían mandado otra expedición á aquellos parajes que no les pertenecían. Aprovechó esta ocasión nuestro piloto para presentar á su soberana los mapas hidrográficos de las Indias, que el había trabajado, así como el mapa que conocemos y que lleva la fecha de 1500 que como podemos ver en este detalle, señala a Cuba como isla, en contra de la idea de Colón, que entonces estaba seguro de que era tierra firme.
En 1504, La Cosa obtuvo la misión de vigilar, con cuatro navíos armados y equipados de guerra, las costas de Tierra-Firme de Indias hasta el golfo de Urabá. Llenó su encargo con muy buen éxito, puesto que reconoció y estudió á fondo aquellos litorales, negoció con los indios é impidió las usurpaciones portuguesas. Debió de hacer buen negocio, pues que entregó al Tesorero general Martienza el 5º de la Corona, que constaba de 50,000 maravedís, por lo cual obtuvo como recompensa una pensión de una suma igual a la que había entregado. En esta expedición él era capitán y piloto al mismo tiempo.
Como la Corte de España no cesaba de desconfiar de la mala fe portuguesa, al regreso de Juan de la Cosa, en 1507, puso el Gobierno español a órdenes del piloto dos navíos para que con ellos vigilara las costas españolas, desde el cabo de San Vicente hasta Cádiz, y capturara todo navío portugués que pareciera volver de las Indias. Sin embargo, esta expedición no tuvo ningún resultado, y así Juan de la Cosa fué enviado con sus dos carabelas de nuevo á Indias. Allí no solamente atendió á los mandatos de su Gobierno, sino que completo sus descubrimientos y traficó con provecho con los indígenas. Sin duda Bastidas le acompañó en aquel viaje, porque encontramos que tanto Juan de la Cosa como Bastidas recibieron 100,000 maravedís sobre los productos de la expedición, en la cual parece que recogieron una suma de 300,000 maravedís. Cuando volvió á España La Cosa, obtuvo que la reina Juana le confirmara en 1508 el nombramiento que ya le hiciera en 1503, de Alguacil Mayor de Urabá, siendo hereditario para su hijo. He aqui el documento con la firma de Juan de la Cosa:
En el año siguiente (1509), nuestro piloto santoñés se justificó de las acusaciones que le hacían los portugueses de haber hecho descubrimientos indebidos del otro lado de la línea señalada á los Españoles. Es cierto que esta acusación nunca había tenido mayor seriedad y su Gobierno no había hecho alto en ella.
Habiendo armado Juan de la Cosa un navío y dos bergantines con 200 hombres, partió en Noviembre de 1509 de San Lucar de Barrameda (Cádiz, Andalucía) con destino a La Española, a encontrarse con Alonso de Ojeda, que había sido nombrado Gobernador general de la Nueva Andalucía, de quien él era teniente general En Santo Domingo tuvo ocasión de hacerle al futuro Gobernador un señalado servicio: Disputábanse Nicuesa y Ojeda los límites de sus respectivas Gobernaciones en Tierra- Firme; pero habiendo uno y otro nombrado árbitro en el asunto a Juan de La Cosa, éste obró con tanto tacto, que logró ponerles en paz, dividiendo entre los dos el río Grande del Darién: el uno debía administrar la ribera occidental y el otro la oriental. De este modo se embarcó en la expedición de Ojeda, dispuesto a ocupar su cargo como Alguacil mayor del primer asentamiento español en el continente cuya construcción estaba encargada a Ojeda, partieron con tres o cuatro naves y unos trescientos hombres. En este punto de la historia, contamos con el testimonio de Bartolomé de las Casas, que lo cuenta asi: "Alonso de Ojeda era natural de Cuenca, entró muy joven al servicio del duque de Medinaceli, uno de los grandes señores de Andalucía, siendo en su palacio donde conoció a Cristóbal Colón cuando este buscaba apoyos para su empresa. En 1508 el rey Fernando V de Castilla lo nombra gobernador de Urabá o Nueva Andalucía, el territorio comprendido entre el cabo de la Vela y el golfo de Urabá y así mismo nombra gobernador de Veragua o Castilla de Oro a Diego de Nicuesa, natural de Baeza (Jaén, Andalucía). Los dos tenían que levantar sendas fortalezas que sirvieran como bases para la conquista y colonización de aquellas tierras. A Ojeda le indican que “lleve por su lugarteniente de capitán a Juan de la Cosa, para que en las partes donde él no estuviere sea nuestro capitán en su nombre, y donde estuviere sea su teniente” (Bartolomé de Las Casas, Historia de las Indias, tomo II)

Durante esta su segunda expedición con Ojeda (especificada sobre estas líneas junto con la primera), Juan de La Cosa insistió en su deseo de fundar el primer asentamiento español en el continente del Nuevo Mundo en San Sebastián de Urabá. De este modo llevó con él colonos para que fundasen la primera colonia proyectada en el rico y fértil terreno del golfo de Urabá, en donde decía que habitaban indios pacíficos y hospitalarios.
Sin embargo, Ojeda no quiso escuchar este consejo, ni tampoco atendió á lo que le decía Juan de Cosa por experiencia, de que no atacase una tribu de indígenas feroces é indomables que moraban en el lugar en que hoy día está situada Cartagena. Ojeda no solamente los atacó, sino que, olvidando la prudencia y desoyendo las súplicas de su teniente, se internó hasta el pueblo vecino, en donde los indios se defendieron con tanto brío que mataron con flechas envenenadas á gran numero de españoles, rodearon al mismo jefe quien hubiera perecido en aquel sitio, si Juan de La Cosa no le socorriera cubriéndole con su cuerpo, pues murió allí atravesado por mil saetas envenenadas, según narra Bartolomé de las Casas “que capturan a Juan de la Cosa, lo atan a un árbol y lo matan acribillándolo a flechas. Su cuerpo ya sin vida fue encontrado por sus compañeros como “un erizo asaeteado” (Bartolomé de Las Casas, Historia de las Indias, tomo II).
Así murió pues el héroe cántabro: sacrificando su vida para que Ojeda escapara, y murieron también casi todos los que le acompañaban. Ojeda tuvo que huir para salvarse con un solo hombre apenas y llegar ileso a la orilla del mar, en donde pudo ser rescatado por la flotilla estacionada en la bahía y por la flotilla de Nicuesa que llegó después.
De vuelta en la bahía de Calamar, Nicuesa se separó de Ojeda en dirección mar adentro hacia el oeste rumbo a Veragua, mientras que Ojeda seguía recorriendo las costas de Nueva Andalucía hacia el suroeste, y llegaba al Golfo de Urabá, en cuyo litoral oeste fundó el poblado de San Sebastián de Buenavista de Urabá el 20 de enero de 1510. En fotografía, una imagen actau de San Sebastián de Urabá.
No habían pasado muchos días cuando dentro del poblado crecía la escasez de alimentos, y se intensificaba el clima insalubre que afectaba a los colonos, además de la amenaza persistente de los indios urabaes,
Para honrar los servicios de Juan de La Cosa, el rey de le otorgó a su viuda una suma de 45,000 maravedís. No es probable que el hijo de Juan de la Cosa, á quien debía tocar el título de Alguacil mayor de Urabá, se decidiera a ocupar tal importante puesto como primer alguacil español de la América continental, y que provisionalmente ocupó un joven soldado llamado Francisco Pizarro, pues Pizarro tuvo que abandonar Urabá por considerarlo un lugar difícil de habitar. Esto se sabe pues la expedición fundaría una primera población en febrero de 1510, en San Sebastián, en el golfo de Urabá, que fue la primera población hispana en la actual Colombia. La escasez de alimentos hizo que tuvieran que alimentarse de “hierbas y raíces, aún sin conocer de ellas si eran buenas o mataderas y malas, las cuales les corrompieron los humores, que incurrieron en grandes enfermedades de que murieron muchos; y estando uno por centinela o guardia de noche, velando se le salió el alma”. A esto se unió el acoso de los indios quienes atacaban a los españoles con flechas envenenadas, de las cuales el mismo gobernador quedó herido en una pierna, y debió recurrir al terrible remedio de aplicarse dos planchas al rojo sobre la pierna herida.
En esta situación Alonso de Ojeda tomó la decisión de embarcar con destino a La Española para obtener ayuda y provisiones. Dejaría al mando al entonces soldado desconocido Francisco Pizarro, quien andando el tiempo, sería conquistador de Perú. Consiguieron llegar a La Española (Santo Domingo) no después de pocas penalidades como el naufragio en la costa de Cuba que tienen que cruzar a pie, sin que les sea posible conseguir ni la mínima parte de lo necesario para poder socorrer a los hombres que habían dejado en Tierra Firme, los que finalmente se vieron obligados a abandonar su intento colonizador.

Por su parte, cuatro años antes de esta tragedia, había fallecido Cristóbal Colón, enfermo, con un carácter que se había tornado más atrabiliario y terco, e igualmente vengativo y que aún habiendo perdido la confianza de los Reyes en su capacidad de gobernar, el rey Fernando le propuso hacerlo señor de la ciudad Carrión de los Condes en el reino de Castilla (actualmente provincia de Palencia) y además asegurarle una renta tal que le permitiera vivir con magnificencia, cosa que Colón rechazó insistiendo en su derecho en la Gobernación de las nuevas tierras para él o para su hijo, y que se castigase severamente a Ovando. El Rey quiso contentar a Colón favoreció el casamiento de Diego Colón su hijo, con una principal de España, doña María de Toledo, meses antes de que muriera Colón en mayo de 1506 el día de la Ascensión que normalmente se celebraba el 20 de ese mes, pero, por ser fiesta movible tal año se celebró el 21. Los restos de Colón recibieron una primera sepultura en el convento de San Francisco de Valladolid y luego en Santa María de las Cuevas en Sevilla. Había sido deseo de Colón que lo enterrasen en “La Española”, tales deseos se cimplieron en 1536 y fue sepultado en la Catedral de Santo Domingo, pero en 1795, España se vio obligada a ceder a Francia la parte Occidental de la isla La Española a Francia (hoy República de Haití), y se creyó más seguro trasladar los restos a la Catedral de la Habana (15 de Enero de 1796) y finalmente, al independizarse esta, volvieron a Sevilla. Según parece, el Canónigo de la Catedral de Santo Domingo (después se llamó Ciudad de Trujillo y ahora nuevamente Santo Domingo) no entregó los restos Cristóbal, sino de Diego Colón, su hermano, y que los del almirante fueron guardados en secreto a la izquierda del altar mayor, de la catedral de Santo Domingo, los que fueron descubiertos en 1877 dentro de una caja de plomo, con una inscripción, que dio mayor credibilidad al hallazgo. En 2003 aun existían las dudas sobre el lugar donde estarían los restos de Colón, y unos decían que estaban en Sevilla y otros en Santo Domingo, por lo cual se veía la posibilidad de utilizar el ADN. Bajo estas líneas, reproduciomos la firma de Cristóbal Colón.
Les adjunto un interesante vídeo que resume la hazaña de Colón de modo muy respetuoso

Pero volviendo a la historia de Juan de la Cosa (obviamente eclipsada por la figura de Colón),es una biografía por si misma interesantísima, que queda empequeñecida por la importancia de su obra: el primero de los mapas de las nuevas tierras descubiertas, realizado apenas siete años después del descubrimiento y que sería una de las dos "cartas de marear de las Yndias" que Juan de la Cosa presentó a los Reyes Católicos en Segovia en 1503, por lo que uno de ellos bien pudiera incluso haber sido una versión posterior y actualizada de su mapamundi de 1500 con los descubrimientos de las expediciones más recientes. Los dos mapas debieron pasar después a poder del obispo Fonseca, en cuyo despacho los pudo contemplar Pedro Mártir de Anglería, según cuenta en un escrito fechado en 1514:
Visité al prelado burgalés, patrono de las referidas navegaciones (...) Tuvimos a mano numerosos testimonios de todo lo ocurrido: una esfera sólida del Universo con estos descubrimientos y diversos mapas a que los navegantes llaman cartas de marear. Una de ellas la habían dibujado los portugueses, con intervención, según decían, del florentino Américo Vespucio (...) Otra carta, comenzada por Colón cuando recorría aquellos lugares, fue adicionada a su entender por su hermano Bartolomé (...) Además, no hubo castellano que a poco que se creyera capacitado para medir tierras y litorales, no se confeccionase su mapa. Guárdanse como los más estimables los que compusieron aquel Juan de la Cosa, compañero de Hojeda (...) y otro piloto nombrado Andrés Morales.
Pedro Mártir de Anglería. Década II, Libro X. Fechada a 4 de diciembre de 1514.

El original de este precioso e inestimable monumento geográfico de la Edad Media está trazado en dos hojas de pergamino, de forma ovalada y artísticamente iluminada de 93 cm de alto (norte-sur) por 183 de ancho (este-oeste), dibujada sobre dos hojas enlazadas de pergamino de piel de ternera cosidos a un lienzo resistente. El mapa consta de las partes de América conocidas hasta 1500, época en que La Cosa lo trazo, así como las partes de Europa, Asia y África conocidas en aquella época, y tiene el siguiente epígrafe:
Juan de la Cosa lo fizo en el puerto de Santa María en el año de 1500.



El pergamino fue robado de España y por una afortunadísima casualidad, fue comprado por un estudioso alemán, que en seguida se lo comunicó a todas las autoridades, en especial al especialista alemán el barón de Humbolt
“Para comprender la importancia de este mapa, - según expresa el barón de Humboldt, - bastaría recordar que es seis años anterior á la muerte de Colón, y que los mapas más antiguos de América (no insertos en las ediciones de Tolomeo ni en las cosmografías del siglo XVI que se han conocido hasta hoy) son de 1527 y 1529, de la biblioteca del Gran Duque de Sajonia Weimar."
Por una feliz circunstancia, el original del mapa de La Cosa fue descubierto y comprado á precio Ínfimo, en 1832, por el barón Walcknaer, quien inmediatamente se lo comunicó al barón de Humboldt. Humboldt, en varias de sus obras y también en la Introducción al examen crítico de la historia de la geografía del nuevo continente, dice que entre él y el barón Walcknaer habían descubierto en 1832 el importante mapa de Juan de la Cosa. Y como Walcknaer nunca contradijo á Humboldt en aquello, es cosa averiguada que este sabio no sólo reprodujo trozos del mapa en menor escala, en la obra mencionada, sino que también tuvo parte en su hallazgo. Fuera de Humboldt, un sabio español, don Ramón de la Sagra, publicó en 1837 la parte del nuevo continente que se halla en el mapa de Juan de la Cosa, en una obra titulada “Historia física política y natural de la isla de Cuba”. En 1842 un infatigable erudito portugués, el vizconde de Sentarém, en su Atlas de la Edad Media, reprodujo también la parte de África trazada por La Cosa. Sin embargo, el único que ha copiado perfectamente el mapa en la misma escala y con sus mismos colores, ha sido M. Jomard, á quien se debe este gran servicio, ejecutado á su costa y sólo por amor á la ciencia, por el que ha podido recuperar enteramente el pergamino.
Al fallecer Walcknaer (en 1852), este mapa fue puesto en pública subasta y adjudicado al Gobierno español por 4,200 francos, no sin que hubiese sido vivamente disputado por diferentes establecimientos extranjeros y particularmente por la Biblioteca imperial alemana, á quien representaba M. Jomard.
Dicho mapa refleja los resultados de los descubrimientos realizados en América durante el siglo XV; con información procedente de los viajes realizados por Colón (viajes de 1492, 1493, 1498), Alonso de Ojeda, Vicente Yáñez Pinzón,Juan Caboto,Pedro Álvares Cabral y diversos exploradores portugueses que recorrieron África, como Bartolomeu Dias y Vasco da Gama. En este esquema se muestra la precisión del trazado de la costa, donde puede observarse el nombre de VENEZUELA de el cartógrafo santoñés situa a la entrada de Maracaibo.


La Cosa sugirió que las tierras descubiertas en el norte y el sur de América podían estar unidas formando un solo continente, aunque con la efigie superior hizo un truco para permitir la posibilidad de que existiera un paso marítimo entre ambas en Centroamérica, cosa que Colón creía. Cuba aparece ya identificada como una isla, en contra de la opinión de Colón. En general las Antillas aparecen de manera completa y en América del Sur se muestra la costa desde el cabo de la Vela hasta el Cabo de San Agustín, mostrando una parte del norte del Brasil. Por el contrario, en América del Norte no se muestran la península de Florida, el Golfo de México ni la península de Yucatán. América Central está tapada por la efigie de San Cristóbal, en clara alusión a Colón.
El contorno de las costas de África aparece dibujado por primera vez de manera correcta, gracias a los últimos viajes de exploración realizados por los portugueses. La región de Europa y el Mediterráneo aparece bien detallada, mientras que amplias zonas de Asia se muestran vacías e imprecisas.
Actualmente se encuentra expuesto en el museo Naval de Madrid. Las escuelas de Santoña tienen el nombre del héroe Juan de la Cosa, y a su entrada puede verse este retrato reproducido en azulejo:

En definitiva, una historia de quien calladamente introduce la llave en el ojo de la cerradura, la gira y empuja la hoja de la puerta, comunicando para siembre dos estancias que hasta entonces habían estado separadas. Como ocurre con el símil, el aire de ambas estancias se mezcla para siempre y, desde entonces, ni España fue la misma ni América fue la que era. Años de genocidio, de crueldades sin fin, de menosprecio a la cultura indígena, de opresión y de mil oprobios en nombre de la religión y del dinero, sitúan a los españoles de entonces (digo españoles por no generalizar a todos los europeos, cuyas conductas fueron si cabe más execrables aún) en una tesitura difícil de asumir si no reconociendo los errores y las faltas y pidiendo perdón en esta lengua común y con el modo de sentir común que nos une. Como español, me asquea el trato que se les dio –las puertas que se les cerraron, las veces que intentaron acallarles- a las muchas personas buenas que fueron a América en esos primeros años del siglo XVI como a Fray Bartolomé de las Casas y las horribles consecuencias de el ansia de enriquecerse a costa del desprecio absoluto de la vida humana. Como cántabro, sin embargo, no puedo sino alegrarme de tener entre mis paisanos a la figura de este gran hombre, ese hombre a la sombra que supo plasmar su idea de que cuba era una isla a pesar de haber sido obligado a jurar que era continente, de quien trabajó codo a codo con Américo Vespucio, con muchísimo menor conocimiento que él de América, brindándole sus hallazgos y opiniones y ayudándole como buen compañero, del fiel servidor de su reina, que se hizo merecedor de su personal confianza, del esposo y del padre, que logró dar a su hijo el título de Alguacil real, del intrépido marino, del soñado y del hombre que, sabiendo que le esperaba el destino soñado del cargo oficial que anhelaba, no dudó en sacrificar su vida para salvar la de su superior. Y me quedo también con el hombre atemorizado que saltó a la chalupa para huir del hundimiento de su barco, el que temía por su vida, el que tembló de temor y reaccionó como un niño… de ese cuerpo débil de se humano que guarda dentro un corazón enorme, pues personalmente no me cabe duda que la imagen de su mujer y de su hijo fue lo que le hizo abandonar su nave… y es que los cántabros siempre hemos sido muy románticos ante todo. Una prueba evidente es que en este año en el que se cumplen 500 años de la muerte de Juan de la Cosa, en Santander celebraremos 500 conciertos de bolero.

Ni que decir tiene que en Santoña, la figura de Juan de la Cosa tien una especilísima relevancia, como demuestra el monumento erigido a su memoria, que reproducimos junto a unas bellas imágener de la villa marinera.



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